Sexto Semestre

viernes, 25 de enero de 2013

Plantear preguntas de Investigacion 1


En el comienzo está el asombro
El ser humano ha sido definido como “simio desnudo”, como “animal racional”, como
“animal que fabrica instrumentos”, como “ser dotado de conciencia”... Pero, con toda justicia,
puede definírselo también como “animal que hace preguntas”. En un sentido muy profundo, la
capacidad de hacer preguntas se encuentra en la base de la condición humana.
Los seres humanos no hacemos preguntas por capricho: las hacemos porque la realidad nos
produce asombro, porque la existencia no nos deja indiferentes. “La filosofía nace del asombro”,
decía Aristóteles; con ello quería decir que todo el conocimiento de que es capaz el ser humano sólo
puede desarrollarse porque la realidad, al suscitar nuestra admiración, al despertar nuestra curiosidad,
nos genera inquietudes y preguntas.
¿Por qué las manzanas no caen para arriba? ¿Cómo se vería el universo si viajáramos en un
rayo de luz? ¿Por qué sólo existen dos sexos y no cinco? ¿Por qué los aztecas no conquistaron
Europa? Preguntas como éstas revelan que la realidad no está simplemente dada: está llena de
problemas fascinantes, de rompecabezas que desafían el intelecto. Por eso el primer paso en el
planteamiento de preguntas consiste en abrir los ojos ante el carácter esencialmente problemático de
la realidad.
Abrir los ojos a la realidad no es sencillo. El asombro es una flor que se marchita con
facilidad. Y se marchita porque, a fuerza de costumbre, la realidad se vuelve plana y aburrida, o
porque se piensa que sólo lo sobrenatural es motivo de admiración. Pero el asombro genuino nace
de captar la realidad tal como es, plena de riqueza y variedad, y al mismo tiempo descubrir que las
cosas no son sólo lo que aparentan ser. Como decía Chesterton, “lo admirable no es que el sol no
salga un día, sino que salga todos los días”. El asombro nos acecha en todas partes; no hay esquina
de la realidad, por humilde que sea, que no pueda suscitarlo.
Luego, vienen las preguntas
El asombro por sí solo no basta: hay que precisar los problemas y formular las preguntas
respectivas. Sólo mediante la búsqueda de solución a los problemas el asombro se transforma en
conocimiento y así como sentir asombro no es cosa de magia, plantear preguntas tampoco lo es; en
todas las áreas del saber hay temas interesantes de investigación.
La etimología indica que “investigar” es “seguir las huellas” de un problema. No existe una
diferencia esencial entre los problemas de la vida diaria y los de la investigación científica. “¿Qué hay
que hacer para conseguir un buen empleo?” o “¿Cómo evaluar el desempeño financiero de una
empresa?” son problemas legítimos; “¿Cómo se comportan las partículas subatómicas?” o “¿Cuáles
son los efectos de la globalización en la estructura de la sociedad?” también lo son.
Lo importante es identificar el problema y plantear la pregunta correspondiente. En la
investigación académica, encontrar un problema es hallar una mina de oro: si las preguntas derivadas
son significativas y pertinentes, pueden motivar años de trabajo fecundo.

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